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¡Ahora sí es mi turno!

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    Estoy en el salón de belleza y mientras espero por mi turno el resto de las damas presentes conversan sobre cómo se ha ido perdiendo la gracia de la Navidad. Las señoras de más edad, que pueden tener como la edad de mi madre (como sesenta y algo), recuerdan que en sus tiempos era toda una emoción, un juego, y una dinámica aguardar por la fecha junto a sus hijos. Recuerdan también la clase de juguetes que estaban de moda para entonces. El resto de las presentes que les pongo como casi treinta, más las que ya estamos en el tercer piso incluyéndome, apoyamos el comentario porque corrimos con la suerte de también haber vivido todo eso que cuentan.

    No pertenezco a una familia grande súper cercana que se reúne con mucha frecuencia bajo un mismo techo para celebrar algún acontecimiento en especial. Tampoco a una que no haya pasado por dificultades económicas. En la mía unos años había para tener más y otros apenas para lo necesario, pero pese a carecer de esto o lo otro hoy día sigo emocionándome y enamorada de estas fiestas. De que por ahí de niña debí llorar por no haber recibido lo que quería ¡seguro! pero no me arrancó el feeling que le tengo a esta temporada. Compartir las “viejas” tradiciones es una bonita tarea y no concentrarse en lo negativo, también.

    Volviendo al salón, ya casi es mi turno y ahora conversan sobre lo rápido que se crecen los hijos y uno ni se da cuenta. También por ahí mismo de los trabajos que casi no dejan tiempo para nada.

    Se despide una de las que atiende en el salón recordando que ya casi es el día de la madre y que cualquier regalito ya sabemos dónde encontrarla (reímos todas). ¡Ahora sí es mi turno! (Llenísimo el salón en días como estos por cierto)

    … La cantidad de cuentos que escuchamos en una sala de belleza ¿cierto?

    Igualitico que en las barberías ¡Nah!

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      Gladys Rios

      La autora Gladys Rios

      Locutora y Madre latinoamericana

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